HOJA DE OTOÑO
Lentamente se drenan tus venas,
se evapora tu esencia,
se consume tu interior
y deshidratan tus sueños.
Va quedando una hoja de otoño,
seca,
color oro,
con tiña naranja;
hermosa a la vista,
pero esta por desprenderse,
por volar por el aire,
hasta caer,
como si hubiese un fin.
Pero el piso no es el fin,
el fin es el principio
de un nuevo ciclo…
de vida, de transformación,
de cambio de materia,
de cambio de universo
de transmutación.
La energía dispersa
como polvo de oro
que en todo hace uno,
que se une con la fuerza de un imán
que puede separarse
y unirse, sin dañarse,
la hoja es como una partícula de polvo,
de ese polvo que no desaparece
y es parte del uno,
del ser total.
EL árbol,
aunque seco
lleno de vida,
de agua,
arraigado a sus raíces,
a su ciclo de vida
a cada etapa,
en cada estación del año,
pierde hojas que no vuelven
que no añora
porque son polvo
partículas que vuelven a él.
La hoja que se desprende
no se pierde
no es el final
aunque se deteriore
aunque se desintegre
la vida no termina
no es una batalla perdida,
es energía,
un cambio de forma,
de lugar…
El viento que es mi aliento,
refresca
el agua, mi sed…
la hoja seca quebradiza, frágil…
susceptible a la dureza que golpea
a la rigidez que inmoviliza
dispuesta a desintegrarse
y reducirse a polvo
tan solo para volver a ti.