ELEVAR NUESTRA CONCIENCIA
Hay trayectos tan difíciles que pueden durar casi toda la vida,
una cosa tras otra y casi todas trágicas, ¿por qué?
¿Por qué a algunas personas les toca sufrir tanto?
o ¿Por qué tienen que soportar tanto dolor y soledad?
A veces, desde pequeños las situaciones se complican,
y totalmente fuera de su alcance se tornan difíciles,
pero como somos pequeños, no las percibimos así;
los niños por lo regular viven el momento,
se concentran y dan su enfoque al presente,
y hacen una cosa a la vez;
hacen de lo complicado algo sencillo;
pero eso cambia una vez que crecemos,
lo complicamos mas todo, en vez de simplificarlo y resolverlo,
vivimos atormentados y estresados por el futuro,
por las deudas, los compromisos, etc.;
sin embargo, el futuro es tan incierto,
que en un segundo, puede ser que no llegue…
El pasado nos ha dejado una huella, llena de heridas,
por lo que viví, por lo que me hicieron,
por lo que no me hicieron, por lo que me dieron o no me dieron,
lleno de traumas y limites, por la cultura y sociedad…
por mi percepción de los hechos.
Pero ¿dónde nos perdimos que dejamos de vivir?,
¿de sentir realmente?,
¿de tener la capacidad de disfrutar cada atardecer, cada amanecer,
del viento, de los árboles, el mirar un pajarito, el sol…?,
nos perdimos en nuestro propio egoísmo,
y en nuestra propia cárcel, oscura y sin luz, cerrada.
¿Porque hay gente que sufre tanto?,
porque Dios los ama tanto que les da esas pruebas tan difíciles
para hacerlos fuertes, para fortalecer su alma, su espíritu, su cuerpo, su mente…
para madurar, para recapacitar, para ser diferentes…
y a veces, los golpes no paran,
como cuando a la orilla de la playa nos arrastra el mar y nos revuelca,
y cuando intentamos salir nos vuelve a jalar y nos revuelca y nos aleja más…;
a veces, es solo eso… y requerimos dejar de luchar contra las olas,
contra la tierra, contra la corriente, y dejarnos llevar, fluir,…
lentamente, un poco, para poder pensar, despejarnos, tener más claridad…
y desde adentro agarrar más fuerza para salir,
bien enfocados y con una dirección, un plan, una visión;
nada nos detendrá, ni una, ni dos, ni tres olas juntas,
a veces estas se pueden pasar por abajo y su fuerza ni se siente,
a veces por arriba y nos sacude y atemoriza un poco…
el saber que vamos por arriba, aterrorizados por miedo a morir,
por no saber si podremos; es la falta de fe,
la falta de Dios en nuestro corazón,
el pasarlo por abajo, es ir seguros de su mano,
y decididos a pasar de una forma suave, rápida y sin miedo…
pasaremos, pero de nosotros depende cuanto lucharemos contra el mar,
contra las olas que rompen en la orilla y se avivan con la noche,
con la intensidad del viento; la noche no opaca, esas son especulaciones,
la noche también brilla con la luz de la luna, con una inmensidad de estrellas;
lo que pasa es que no sabemos observar, admirar, apreciar,
no sabemos disfrutar ni valorar.
Ya nada es igual porque le perdimos el valor a todo,
el verdadero valor del amor, de la familia,
el amor a la honestidad y a la verdad, la lealtad,
el respeto ajeno, la admiración al otro,
todo valor comienza con su reconocimiento
y para reconocerlo hay que comenzar agradeciendo;
dar gracias por un amanecer, por un día, por la vida misma,
por las oportunidades para comenzar otra vez y vivir mejor,
para poder ser mejor que ayer, para liberarnos de esas cadenas
que arrastramos sin necesidad, que pesan tanto
y que nos anclan y no nos dejan mover ni avanzar;
es tiempo de romperlas, de ser más ligeros,
para poder no solo avanzar, si no volar,
en la libertad de un inmenso cielo,
en la libertad del amor y la conciencia.
Todas las experiencias vividas por vivir, será repetidas,
y cuando hagamos conciencia o los meditemos realmente
(hablar con nosotros mismos, con Dios)
será un aprendizaje invaluable que nos permitirá crecer a pasos grandes.
Son lecciones recibidas que, como un libro,
no lo comprendemos la primera vez que lo leemos,
y en la segunda, nuestra percepción de la misma, cambia;
eso es, ELEVAR NUESTRA CONCIENCIA,
elevar nuestro corazón y dejar de juzgar, vivir con fe,
de la mano de Dios y no habrá obstáculo que nos detenga o derrumbe,
porque el poder de Dios todo lo puede y su amor es infinito.